Blog

Antes de que un queso llegue a tu mesa, pasan muchas cosas que no se ven. Y no hablamos solo de la maduración o del cuajo. Hablamos de personas que se levantan antes que el sol, de animales que no conocen los fines de semana, de paisajes que siguen vivos porque alguien los trabaja. En Tenerife, eso tiene nombre propio: los ganaderos . No es postureo rural ni romanticismo para urbanitas. Es la realidad de quienes sostienen, desde el silencio, algo tan cotidiano como la leche. Sin ellos, los quesos artesanales que tanto celebramos en ferias, en restaurantes o en casa, simplemente no existirían. En nuestra quesería lo sabemos de primera mano. Cada pieza que elaboramos —fresca, curada, semicurada o ese requesón que nos piden incluso desde la península— empieza mucho antes, en las manos de quienes ordeñan con respeto y convicción. Esto no es un homenaje. Es una explicación necesaria A lo largo de este artículo vamos a explicar, con datos, ejemplos y algo de opinión, por qué la ganadería tradicional canaria merece estar en el centro de la conversación cuando hablamos de alimentación, sostenibilidad o futuro. Vamos a contarte cómo trabajan los ganaderos de Tenerife, qué tiene de especial su leche, por qué el queso sabe distinto según quién lo produce y qué puedes hacer (sí, tú) para que esta historia no se apague. Esto va de territorio, de cultura, de economía real. Y también de sabor. Sin ellos, no hay queso. Así de simple El campo no es decorado. Es resistencia diaria Hay quien idealiza el campo como un lugar bucólico, lleno de cabras felices y cielos despejados. La realidad es más cruda. Los ganaderos tinerfeños madrugan, llueva o truene. Alimentan, limpian, ordeñan, gestionan burocracia, resuelven averías y, si queda tiempo, duermen algo. Según datos recientes del ISTAC, en 2024 seguían operativas más de 600 explotaciones caprinas y bovinas en la isla. Pequeñas, familiares, vulnerables ante la economía global... pero imprescindibles. Leche de cabra de Tenerife: poco marketing, mucha calidad La leche de cabra producida en Tenerife es, sin exagerar, una joya que aún no hemos sabido contar del todo bien. Rica en grasa buena, proteínas de fácil digestión, sin ese sabor agresivo que algunos temen por prejuicio. Las cabras canarias, especialmente las razas majorera y tinerfeña, están adaptadas al terreno y dan una leche que lo dice todo con una sola cucharada de requesón. Mezclar vaca y cabra no es mezclar por mezclar En nuestra quesería hacemos quesos de mezcla porque entendemos que cada tipo de leche tiene su personalidad. La de vaca suaviza, acaricia. La de cabra remueve, despierta. Juntas forman un equilibrio que solo se consigue cuando conoces bien la materia prima. Y eso empieza en el corral, en el momento del ordeño, en el forraje que se elige. No hay receta sin ganadero. Aquí puedes curiosear nuestras variedades de quesos mezcla , por si te interesa ver cómo se traduce esto en sabor. Leche fresca, compromiso real No usamos leche industrial, ni de polvos rehidratados, ni de origen incierto. Cada día recibimos leche fresca de ganaderías cercanas. No porque quede bien en redes sociales, sino porque es la base de todo lo que hacemos. Y porque creemos en esa relación de confianza donde todos ganan. Lo que se nota (aunque no lo veas) Cuando la leche es buena, el queso no necesita disfraz Una buena materia prima lo es todo. Y se nota. En la textura que no empalaga, en el aroma que no necesita conservantes, en ese sabor que recuerda algo antiguo pero muy presente. Procesos con ritmo humano No tenemos robots afinadores. Tenemos manos. Seguimos una metodología tradicional: cuajo natural, volteo manual, maduración lenta. No corremos porque no hay razón para correr. Cada queso pide su tiempo y nosotros se lo damos. El requesón: ese humilde gigante A veces nos preguntan por qué cuidamos tanto el requesón, si es un "subproducto". Y la respuesta es simple: porque representa una filosofía. La de aprovechar, la de no despreciar lo que tiene valor, la de hacer bien incluso lo que otros no miran. Y sí, nuestro requesón gusta. Mucho. Cómo apoyar sin necesidad de salir al monte Comprar queso local no es solo comer bien Es decir: "esto me importa". Es decidir que quieres que ese paisaje ganadero siga existiendo. Que esas personas puedan seguir viviendo de su oficio. Y que el sabor que conociste de niño siga estando ahí. Aprender a mirar etiquetas (y a preguntar) No te quedes con lo que pone el envoltorio. Busca el origen de la leche. Pregunta en la tienda. Visita la quesería. Mira quién está detrás. Y luego decide. Comparte lo que sabes Las pequeñas queserías no tienen departamento de publicidad. Pero tienen algo mejor: clientes que se convierten en aliados. Si pruebas algo bueno, cuéntalo. En redes, en casa, donde quieras. Dudas frecuentes (y respuestas claras) ¿Queso industrial o artesanal? El artesanal tiene sabor, trazabilidad y respeto. El industrial, estandarización. Tú decides. ¿La mezcla de leche es mejor? Es diferente. Ni mejor ni peor. Más equilibrada, más compleja. Pruébala. ¿Se paga bien a los ganaderos? Depende. En circuitos industriales, a menudo no. En queserías locales que trabajan con cabeza y corazón, sí. Porque es lo justo. ¿El requesón tiene futuro? Tiene presente. Porque responde a lo que muchos buscan: sabor, salud, origen. ¿Se puede visitar la quesería? Claro. Escríbenos. Nos encanta enseñar lo que hacemos. Esto va de queso. Pero también va de ti Si has llegado hasta aquí, gracias. Porque estás demostrando que te importa lo que hay detrás del alimento. Y eso, hoy, ya es mucho. Los ganaderos de Tenerife no piden homenajes. Piden que su trabajo se valore. Que sus productos se elijan. Que sus historias no se olviden. Desde nuestra quesería , hacemos lo posible para que así sea. Y tú, con una elección tan simple como un queso, puedes formar parte de esa cadena que conecta campo, sabor y futuro. No es poca cosa.

Hay decisiones que se toman con la cabeza. Otras, con el estómago. Pero hay algunas, como elegir un buen queso, que tocan ambas cosas. Porque no se trata solo de sabor. Se trata de origen, de responsabilidad, de saber qué apoyas cuando llenas tu cesta. Y ahí entra en juego el queso sostenible . En un mundo que va demasiado deprisa, en nuestra quesería en Tenerife preferimos otra velocidad: la del respeto por lo cercano, la del sabor que cuenta algo. Elaboramos quesos frescos, semicurados y curados con leche de cabra, vaca o mezcla, además de un requesón que tiene nombre propio. Todo siguiendo la metodología tradicional, esa que no se aprende en libros, sino en manos que saben. Lo que vas a descubrir si sigues leyendo (y por qué merece la pena) Este artículo no pretende convencerte con moralinas. No vamos de perfectos. Pero sí queremos que te preguntes algo: ¿qué hay detrás de lo que comes? Porque, aunque no lo parezca, una cuña de queso puede cambiar muchas cosas. Aquí te vamos a contar qué significa de verdad que un queso sea sostenible. Te diremos cómo distinguirlo, por qué es importante apoyar a las queserías pequeñas y cómo tu compra influye en el paisaje, en las personas y hasta en el sabor. Con ejemplos reales, con datos, pero sobre todo con sentido común. Y sin venderte humo. Queso sostenible: más que leche y cuajo De la finca al plato, sin escalas absurdas Lo primero: la proximidad importa. Mucho. Un queso que viaja poco tiene menos impacto ambiental, pero también más frescura y más autenticidad. En nuestra quesería, la leche no cruza el mar ni pasa por cinco intermediarios. Viene de ganaderías de Tenerife que conocemos por nombre, apellido y apretón de manos. Cada litro de leche que entra aquí tiene historia, tiene acento. Y eso se nota en el producto final. Cabras felices, leche con alma Los animales que viven bien dan mejor leche. Sin más. Y ese bienestar se nota en el sabor, en la textura, en la digestibilidad. Cabras y vacas que pastan, que no viven estresadas ni encerradas, que reciben cuidados reales. Porque para hacer un buen queso, primero hay que hacer las cosas bien desde el principio. Hacer queso, no fabricar Aquí no hay robots. Hay manos. Y tiempo. Nuestro queso curado no se apura. Se voltea cada semana a mano, se deja madurar como se ha hecho toda la vida. Sin atajos. Sin aditivos. Puede que no sea lo más "eficiente". Pero es lo más honesto. La economía que se queda en casa Cuando compras local, el dinero no se evapora. Se queda. En el ganadero, en el transportista, en el que diseña la etiqueta, en el pequeño comercio que te lo vende. Es una red que se alimenta sola. Pero para que funcione, alguien tiene que activarla: tú. En Canarias, muchas pequeñas explotaciones siguen vivas porque hay quienes, como tú, prefieren un producto con nombre y rostro. Cómo saber si estás comprando queso con cabeza Mírale la cara a la etiqueta No hace falta ser detective, pero sí algo curioso. Mira el origen de la leche, el nombre de la quesería, el tipo de animal. Si lo especifican, bien. Si no, mal señal. La transparencia es amiga de la sostenibilidad. Sellos sí, pero con criterio Un distintivo ecológico ayuda, claro. Pero no es todo. Hay queserías pequeñas que hacen las cosas impecables sin tener sello porque no se lo pueden permitir. Lo importante es que puedas rastrear de dónde viene lo que compras. Compra en sitios donde puedas preguntar Si tienes delante al quesero o a quien lo conoce, pregunta. ¿Dónde ordeñan? ¿Cómo curan el queso? Si no esquivan las respuestas, vas bien. Y si te cuentan cosas con pasión, mejor aún. Tres cosas que puedes hacer ya mismo Mételo en tu rutina Empieza por lo fácil: cambia ese queso industrial del desayuno por uno local. O mete un semicurado de la zona en tu siguiente cena con amigos. Sólo eso. No hace falta cambiar el mundo en un día. Si te gusta, cuéntalo Recomiéndalo. En persona, en redes, donde sea. Las pequeñas queserías no tienen grandes presupuestos, pero tienen algo mejor: gente como tú que valora lo auténtico. Vive la experiencia Una visita, una cata, un taller de requesón. Lo que sea. Cuando ves con tus propios ojos lo que hay detrás de un buen queso, ya no hay marcha atrás. Y encima aprendes. El queso como excusa para aprender (y disfrutar) En el aula, en el barrio, en el plato El queso puede ser herramienta educativa. Habla de territorio, de tradiciones, de sostenibilidad. Pocos productos dan tanto juego para explicar tanto. Turismo con sabor El agroturismo quesero engancha. Porque no es solo visitar, es entender. Ver cómo se ordeña, cómo se elabora, cómo se cura. Y luego probarlo. Eso no se olvida. Dudas que todos tenemos (y respuestas claras) ¿Sostenible es igual a ecológico? No exactamente. Lo ecológico cumple unas normas. Lo sostenible va más allá: piensa en las personas, en la economía local, en la cultura. ¿Sabe diferente? Sabe a verdad. A leche buena. A curación sin prisa. El sabor no es plano. Tiene matices. Y eso engancha. ¿Y si cuesta un poco más? Mételo en contexto. Estás pagando por calidad, por empleo local, por paisaje vivo. Es un "más" que merece la pena. ¿Hay opciones si tengo intolerancia? Sí. Muchos quesos curados tienen menos lactosa. Y el requesón de cabra, por ejemplo, se tolera mejor. Pregunta, que para eso están. El queso sostenible no es una rareza. Es una forma de hacer las cosas con sentido. De reconectar con lo esencial. Y, de paso, de comer mejor. En Quesería de Benijos lo vemos cada día: gente que vuelve, que pregunta, que quiere saber. Porque el sabor es importante, pero lo que hay detrás lo es más. Así que ya sabes: si la próxima vez eliges un queso local, no estás comprando sólo un alimento. Estás apostando por un modelo que merece sobrevivir. Y, de paso, te llevas a casa un pedazo de verdad.

No todo el queso sabe igual. Ni siquiera dentro de una misma categoría, ni siquiera en la misma isla. Quien ha probado un queso curado de cabra de altura, afinado con mimo por manos que entienden la leche como legado, sabe que está ante otra cosa. La cata de quesos no es simplemente comer: es explorar, escuchar lo que el paladar susurra y lo que el queso grita. Porque sí, los quesos hablan. Algunos lo hacen al primer mordisco; otros necesitan que se les escuche desde la corteza. Pero todos, sin excepción, guardan el eco de un territorio, una historia, un rebaño y un saber ancestral que merece ser degustado con los cinco sentidos y un sexto: el de la curiosidad. Qué vas a descubrir si sigues leyendo (y por qué merece la pena) Te proponemos un viaje. No uno de esos de mochila y mapa, sino un recorrido por sabores y texturas que podrías tener al alcance de la mano, pero que quizás aún no has aprendido a reconocer. La cata de quesos es eso: una forma de estar presente, de entender lo que pruebas. Y también de afinar tú gusto. Aquí aprenderás, sin tecnicismos innecesarios pero con la profundidad de quien lleva años entre maduraciones y fermentos: Cómo se forman los sabores, los aromas y las texturas. Y por qué no todos los quesos blandos son suaves ni todos los curados, fuertes. En qué orden deberías probar los quesos para no saturarte. Cómo hacer una cata en casa (con poco y bien hecho). Qué significan las notas de cata (y qué nos dicen de los quesos canarios, por ejemplo). Qué errores evitar y cómo entrenar el paladar sin volverte un pedante. Y al final, quédate con algunas preguntas frecuentes que surgen cuando uno empieza este camino. Porque sí, hay camino. Y comienza, quizá, con un trozo de queso. Catar no es comer: la diferencia entre saborear y tragar Por qué el queso merece un trato distinto Imagina dos tablas de quesos. Una está compuesta por lonchas homogéneas, perfectamente cortadas, sin olores ni asperezas. La otra, por piezas de tamaños irregulares, con cortezas rugosas y aromas que cambian en cuanto se oxigenan. El queso canario vive, evoluciona y a veces incluso sorprende. No responde a una receta estándar sino a una combinación de variables: clima, leche, raza, pasto, microflora, manos que lo moldean. Esa imprevisibilidad es su riqueza. Leche cruda: la madre de todos los matices En la cata, todo comienza aquí. La leche. Pasterizada, pero ofreciendo las mayores garantías de seguridad alimentaria. Aromas que recuerdan a la montaña, a los campos, a la corteza de un árbol húmedo. Cosas que aparecen en un queso, a medida que se va afinando. Maduración: la alquimia del tiempo Un queso no sabe igual con 30 que con 180 días. Y no es cuestión de envejecimiento, sino de transformación. Los mohos actúan, las bacterias trabajan, el tiempo cambia texturas, intensifica sabores. Un fresco es directo, simple, casi infantil. Un curado, en cambio, puede ser tan complejo como un vino reserva. Notas de nuez, de cueva, de cuero viejo. Texturas que se quiebran, que crujen por los cristales de tirosina. Todo eso se percibe en una cata. Aromas, texturas y otras sutilezas La nariz no engaña. En una buena cata se habla tanto como se huele. Notas primarias (lácteo, yogur, nata), secundarias (setas, frutos secos, pan tostado) y terciarias (animal, establo, tierra). El paladar se entrena también a distinguir texturas: desde la cremosidad que se funde hasta la rugosidad de una corteza. Manual práctico: cómo hacer una cata de queso sin parecer un snob Lo básico: entorno y condiciones No necesitas un castillo ni una mesa de roble. Solo: Buen queso. Un espacio limpio, sin perfumes ni incienso. Platos blancos y cuchillos bien afilados. Una libreta (o el bloc de notas del móvil). Saca los quesos 30 minutos antes. Nada de comerlos fríos. Y olvídate del vino hasta el final. El orden importa (y mucho) Empieza por los quesos frescos o tiernos. Sigue con los semicurados. Deja para el final los curados, azules o ahumados. El paladar, como la audiencia en un concierto, se cansa. Si lo bombardeas de entrada, no apreciará los matices suaves después. Cinco sentidos, uno a uno Vista: color, homogeneidad, ojos (agujeros). Un queso bien afinado se reconoce por fuera también. Tacto : firmeza, humedad, elasticidad. Písalo como el pan, sin miedo. Olfato : primero sin cortar; luego tras abrir. Huele cerca, pero sin aspirar como un sumiller. Gusto : que se funda en la boca. No mastiques como si fuera chicle. Siente cómo evoluciona. Oído : en curados, a veces cruje. Y eso es buena señal. Ficha de cata: para los que quieren ir más allá Apunta: Tipo de leche. Estado de la corteza. Intensidad aromática. Evolución del sabor. Final o retrogusto. Y luego, compara con otras fichas. El paladar también se entrena por contraste. Contenido extra que eleva la experiencia (porque hay vida más allá del queso solo) Cálidos, salinos, húmedos: ejemplos de notas de cata reales Queso curado de cabra (Benijos) Aromas: leche de cabra intensa, retama seca, roca volcánica húmeda. Boca: ataque fuerte, centro mantecoso, final mineral. Semicurado vaca-cabra Nariz: nata fresca, flor de manzanilla. Boca: acidez controlada, textura elástica, persistencia amable. Maridajes que funcionan (sin forzar) Frescos: frutas ácidas, espumosos secos. Cabra curado: miel oscura, cerveza negra o infusión de romero. Azules: PX, higos secos, nueces. Y si no maridas, tampoco pasa nada. Mejor solo que mal acompañado. Las dudas que siempre surgen (y que conviene aclarar) ¿Catar es lo mismo que degustar? No. Catar es analizar. Degustar es disfrutar. Lo ideal es hacer ambas cosas, pero no son sinónimos. ¿Leche cruda o pasteurizada? Depende. Para entrenar el paladar, la cruda da más juego. Pero hay maravillas pasteurizadas bien hechas. Lo importante es que sean quesos honestos. ¿Cuántos quesos se deben catar en una sesión? Entre 4 y 6. Más es empacho. Menos, un aperitivo. ¿Cómo se entrena el paladar? Comparando. Probando el mismo tipo de queso en distintos estados. Y apuntando lo que se siente. El gusto también tiene memoria. Epílogo con sabor a campo (y llamada a la acción sin artificios) No hay que ser chef ni sumiller para apreciar un buen queso. Solo hay que parar, mirar, oler, probar y pensar. Y sobre todo, valorar lo que hay detrás: un pasto, un animal, una mano, un silencio de cueva. Si este artículo ha despertado tus papilas gustativas y tu curiosidad, te invito a que no lo dejes en teoría. Haz la prueba. Compra cuatro quesos distintos. Sírvelos con respeto. Cata sin prisa. Y si quieres más, en Quesería de Benijos te esperamos con variedades de vaca, cabra y mezclas afinadas como pocas. Porque a veces, el verdadero lujo está en un trozo de queso que te hace cerrar los ojos y sonreír.

Queso de cabra canario: beneficios y sabor local En un mundo saturado de quesos que prometen el oro culinario y luego saben a poco más que a plástico texturizado, el queso de cabra canario se presenta como una de esas joyas que no hace ruido pero enamora. Tiene algo —un no sé qué— que te atrapa desde el primer bocado. Tal vez sea el eco del mar Atlántico que sopla sobre los riscos, o la paciencia de las manos que lo moldean sin prisa. O quizás simplemente es que sabe a verdad. En las islas, el queso no es una moda ni una tendencia foodie: es cultura, herencia y resistencia. Si lo pruebas con atención, no solo descubres un sabor. Descubres una forma de vivir. Lo que aprenderás si decides quedarte (y deberías quedarte) Esto no va de datos sueltos, ni de listas sin alma. Este viaje —porque es un viaje— va de comprender por qué el queso de cabra canario tiene esa aura de producto esencial, casi espiritual, en la mesa de quienes saben comer. Hablaremos de: Por qué su leche no es como la de ninguna otra cabra del planeta. Qué tiene la tierra volcánica que convierte cada bocado en una mini explosión controlada. Cómo distinguir un queso de verdad de un sucedáneo plastificado con aspiraciones gourmet. Qué opinan los que se la juegan con él en caterings, brunchs y bodas. Cómo maridarlo sin caer en clichés. Y cómo reconocer ese momento exacto en que un trozo de queso ya no es solo comida... es una revelación. Detrás de cada queso: una cabra que no sabe lo especial que es Leche de supervivencia La cabra canaria —la de verdad, la de pelo rizado, mirada sabia y andar sereno— no entiende de modas ni de producciones en cadena. Se alimenta de monte seco, de lo que le da la tierra áspera de Tenerife, y convierte esa frugalidad en una leche rica, densa, aromática . No hace falta añadirle nada. Ya lo tiene todo. El arte de no tener prisa En la Quesería de Benijos , ubicada en La Orotava, el tiempo manda. Aquí los moldes no son industriales, los mohos no vienen en sobres estandarizados y los procesos no entienden de algoritmos. El cuajo es natural, la sal se aplica a mano y cada pieza se trata como un hijo único: con mimo, con respeto, con la certeza de que si fuerzas las cosas, se estropean. Cada queso, como cada historia bien contada, necesita madurar en su tiempo. Y eso, se nota. La corteza también habla No todos los quesos se cubren de gofio por capricho. Ni de pimentón, ni de ceniza volcánica. Cada cobertura es un homenaje a la isla. Es como si el queso se disfrazara de lo que lo rodea para recordarte que aquí todo lo que sabe bien, sabe también a paisaje. ¿Y esto cómo se come? Guía de uso (y disfrute) Cómo reconocer un queso que merece la pena No te fíes solo del color. Ni del envoltorio. El buen queso de cabra canario tiene un olor que te habla de establo limpio, de hierba seca, de humedad sana. El curado, por su parte, huele a cueva, a nuez, a abuela que guarda secretos. El corte debe ser firme pero no seco. El sabor: láctico, ácido, con ese puntito animal que lo hace vibrar en la lengua. Córtalo bien, no lo agredas Para los frescos: cuchillo liso, manos firmes. Para los curados: cuchillo de sierra o de doble mango. Y sin prisas. Que el queso también se merece su momento. Marida sin aburrir Olvida el vino tinto por defecto. Piensa en: Blancos canarios afrutados para el fresco. Tintos jóvenes volcánicos para los semicurados. Y si te atreves: una cerveza IPA artesana o un vermut canario. El dulce también le va bien: higos secos, membrillo, almendra tostada. Pruébalo con un mojo suave y entenderás por qué algunos chefs lo llaman “el foie del Atlántico”. ¿Nutricionalmente? Un pequeño milagro Pequeño pero poderoso A menudo infravalorado frente al queso de vaca, el queso de cabra tiene menos lactosa, se digiere mejor y aporta más calcio y proteínas. No lo decimos nosotros: lo dicen estudios como el del International Dairy Journal (2024), que avalan su rol en dietas sanas, sostenibles y sabrosas. Además: Es rico en CLA , un ácido graso que combate inflamaciones. Contiene vitamina A, zinc, magnesio y otros amigos del sistema inmunológico. Tiene una grasa más saludable que la de otros lácteos. Todo esto con una textura que enamora y un sabor que no pide perdón. Ideal para casi todos ¿Intolerancia leve a la lactosa? Este queso podría ser tu puerta de entrada de nuevo al mundo lácteo. ¿Deportista? Aquí tienes un snack alto en proteína y con buen perfil graso. ¿Vegano en crisis existencial? Bueno, aquí ya no puedo ayudarte, pero al menos sabrás lo que te estás perdiendo. Del catering al coffee break: cuando el queso se convierte en embajador En Tenerife, ya no hay boda, brunch o rueda de prensa que no saque su tabla de quesos con al menos un semicurado de cabra con pimentón . ¿Por qué? Porque es elegante sin ser pretencioso. Porque no falla. Y porque convierte un evento en algo que se recuerda por el sabor, no por el mantel. Y lo mejor: no necesitas hacer mucho. Un corte limpio, una presentación bonita y un pequeño cartelito que diga “ Queso de cabra curado – Quesería de Benijos ”. El resto, lo hace el queso. La pregunta del millón: ¿cómo saber si es auténtico? Mira la etiqueta : sin dirección física, sin nombre de quesería, sin indicación geográfica... mala señal. Confía en lo pequeño : las grandes superficies tienden a “suavizar” los quesos para que gusten a todos. Pero los buenos quesos no quieren gustar a todos. Quieren apasionar a quien los entiende. Compra en queserías locales FAQs que se hacen los que empiezan a amar este queso ¿Se puede congelar? Técnicamente sí. Sensorialmente no. La textura sufre. El sabor se retrae. Mejor cómpralo en cantidad razonable y consúmelo como Dios manda. ¿Dura mucho? Los curados, bien conservados, aguantan semanas. Los frescos, cinco o seis días en condiciones óptimas. Siempre envueltos en papel vegetal o de horno, nunca plástico. ¿Combina con dulce? Con dulce, con picante, con salado… Lo que no admite es la indiferencia. Lo que no te cuentan en las etiquetas Detrás de cada queso de cabra canario hay una historia de resistencia. De alguien que decidió seguir haciendo las cosas a mano cuando todo el mundo corría. De una cabra que pasta libre cuando todo el mundo la quiere estabulada. De una isla que sigue produciendo belleza desde lo más austero. Cuando lo pruebas con atención, entiendes que no estás comiendo solo queso. Estás comiendo paisaje, esfuerzo, memoria. Y en un mundo donde todo se acelera, ese bocado lento, rugoso, sabroso… sabe a lujo verdadero. ¿Te atreves a probarlo? Empieza por aquí: Quesería de Benijos . Luego, cuéntanos si ese primer bocado no te dejó pensando en todo lo que no sabías que podía saber un queso.







